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Almacén de barrio


Eran las seis de la mañana. El día gris, lentamente se iba despejando, haciendo la contra al pronóstico del tiempo. Paulatinamente el tranquilo barrio, si iba despertando.
Don Braulio, bien temprano como todos los días, se desperezaba en su cama. Luego de levantarse y haberse preparado unos mates, atraviesa la cortina de tiras plástica, que colgaba en su living, para cruzar a su pequeño pero completo almacén de barrio. Bostezando y medio dormido, sale a la vereda para acomodar el cartel de las ofertas del día. Luego pausadamente, extiende el toldo de su marquesina y se prepara comenzar un nuevo día de trabajo.

Mientras escuchaba las noticias de Crónica TV, por el televisor que tenia en el mostrador, acomodaba la mercadería, en la única góndola que tenia dispuesta en el centro de su negocio.
“...pararararapapa papa papa Crónica TV informaba… Un terrible secuestro en el barrio de Palermo, se trata de Cecilia Buchazo, una joven mujer de 28 años ¡Los secuestradores aun no han pedido rescate!... pararararapapa papa papa... ”
Al escuchar aquella noticia, Don Braulio, se detiene y escucha atentamente alguna otra información, al mismo tiempo que movía la cabeza resignadamente.
- ¡Que barbaridad!...– al mismo tiempo, ingresaba su primera clienta de la mañana, y en voz baja comentaba.-...¡Oh no! esta vieja de mierda.-
- ¡Buen día Don Braulio! ...Ah, Usted también esta viendo las noticias... Vio usted, que atrocidad, y eso no es nada, ¿Se entero lo de la nena de Osvaldo?...– El almacenero solo sacudió la cabeza negativamente.-... Osvaldo, el que vive al lado de la chica que es soltera, que siempre es visitada por esa otra chica extranjera floja de ropas… - La cara del recientemente levantado almacenero, demostraba poco interés en escuchar chusmerío tan temprano en la mañana.-... bueno no importa, resulta que la nena de Osvaldo, de 14 años, a que no sabe… ¡Quedo embarazada!, dicen que el novio es un comisario de alguna seccional, se imagina ¡Que vergüenza!, es que la juventud de hoy en día, esta perdida. Yo en mis tiempos tenía un enorme respeto a mis padres y ni imaginar una atrocidad como esa.-
- ¿Que va a llevar señora?- Dijo respirando profundamente, intentando no irritarse.
- Lo de siempre, dos Heigt sueltos… Usted sabe que yo tengo que fumar; uno para dormir, y uno cuando me levanto; sino me da un dolor de cabeza, que ni se imagina…  yo no se porque, pero desde que murió Raimundo que tengo esa maña, o migraña…. Era tan buena persona, mi Raimundo, que el señor lo tenga en su gloria, y no lo largue… ¿Quiere que le diga algo?...- Don Braulio mueve negativamente la cabeza.-... le cuento, en realidad seria una migraña por esa maña, pero cuando fumo no me da, así que no sería una migraña, ¿Es raro no?… ¿Usted que piensa?- el pobre hombre ya harto de la viejita, simplemente respira profundo y se encoge de hombros, esperando que la señora se responda ella misma.-... ¿Debe estar cansado no?... lo veo respirar profundamente una y otra vez, este trabajo a de ser muy cansador.-
- Señora, son cuarenta centavos.-
- ¡¿Subió!?... Válgame el cielo, yo con mi artrosis que me esta matando y la jubilación que no salio todavía...- Decía lamentándose, mientras hurgaba dentro de su monederito.-... Ya no se que voy a hacer con mi vicio… Y cada vez sube más y más, ¡Que barbaridad!... Creo que tenía por acá las moneditas... Bueno, se ve que hoy no voy a fumar… ¡que me duela la cabeza! Nomás, total... No molesto a nadie.-
- Vaya nomás señora, tenga lleve, lleve… hoy no le voy a cobrar.- Dijo mientras la miraba con cara de pocos amigos.
- ¡Gracia mi hijito!... estem a ver, uno… dos… estem, ¿me daría uno más?- pregunto, al mismo tiempo que Don Braulio abría grande los ojos, por lo caradura de la anciana.-... es que últimamente, me levanto a la madrugada y...-
- Tome lleve unos mas.-
La viejita se marcha contenta, empujando sin querer, con la bolsa de compras, un cajón de frutas. Don Braulio se agarra la cabeza, pero el cajón no cae. Cuando la vieja sale del negocio, el cajón se desparrama en el suelo.
- Vieja del orto, me tiene repodrido, viciosa, sinvergüenza… ¡Lo que hay que aguantar en estos días!-
No queriéndose poner mas malhumorado, se dispuso tranquilo a juntar las frutas, al mismo tiempo que por la puerta, entraba el segundo cliente de la mañana.
Con el rostro oculto, esta persona llevaba puesto un camperon con el cuello levantado. Estaba muy abrigado, para esta época del año. Tenía el pelo largo, suelto y a la vez escaso. Los ojos grandes, como desorbitados, miraban en todas direcciones, buscando al dueño, sin reparar que Don Braulio estaba detrás de los cajones de frutas.
- ¿Hola, buen día? Necesito velas, ¿Hola? … Necesito velas, ¡velas negras!-
- Si ya lo escuche.-
- Disculpe, lo siento...- dijo el hombre, dando un respingo, por el susto.-... Necesito velas, que sean negras por favor... y déme todas las que tenga.-
- Lo siento, solo tengo las convencionales… las cuatro, le salen 2 pesos.-
- Pero, usted crees que a él... – comento mirando en todas direcciones, para luego terminar diciendo en voz baja.-… ¿Le va a gustar, que le prenda velas blancas? -
La cara de Don Braulio no era de asombro. Estaba acostumbrado a lidiar con locos, le pasaba todo el tiempo, y sabía como desenvolverse en estos casos. Sonriendo comienza a hablarle, al mismo tiempo que se ponía de pié, dejando algunas frutas aun tiradas en el suelo:
- Yo siempre... – y haciendo una pausa, mira en todas direcciones, para luego sacar una vela común de atrás del mostrador.-... prendo de estas y nunca me ha dicho nada… - hablándole en voz baja, termina diciendo.-... Es mas, yo creo, que ya debe de estar cansado de las negras.-
- ¿Usted cree?-
- ¡Obvio!, tengo unas especiales... pero no son nada baratas.-
- ¡Las quiero!... las quiero ¡Todas!-
- Aquí tiene... son cincuenta pesos.-
La cara del hombre se lleno de alegría, y mientras que se ocultaba entre las solapas del camperon, se acercó a Don Braulio para decirle:
- La  gaviota ya esta en el nido... Falta poco para la salvación.- Inmediatamente después salio corriendo del lugar.
- ¡Lo que hay que aguantar en estos días!- dice con una ligera carcajada silenciosa.
- ¡Que malo eres!… lo pelaste loquito ese.- Dice Marianito saliendo de atrás de la góndola, sujetando una bolsa de pan lactal de salvado. Don Braulio no lo había visto entrar.
- ¡Cuidado con la fruta que esta en el suelo!… - dijo cambiando inmediatamente su estado de ánimo, al ver al gay del barrio, parado delante suyo.-... ¿Vas a pagar por eso?-
- Grrrrr, eres tan salvaje, por eso me gustas tanto, si quieres, podemos arreglar de otra manera...- le respondió con voz seductora y guiñándole un ojo -... Puedo ser bastante servicial, cuando me lo propongo... ¡Hombre malo!-
- Pedazo de...-
- ¡Hay papito!- Le interrumpió Marianito largando una carcajada finita, y por cierto, bastante irritante.
- ¡Págame eso ahora! Y mandate a mudar, o te pego un patadón que vas a ir a parar a Plutón.-
- ¡Que mala onda!... Aquí tiene, y cóbreme también una caja de preservativos… de esos con sabor...- Marianito le vuelve a guiñar el ojo.-… ¿Sabes que cosa soñé anoche?- le comentó intentando que solicitara la respuesta.
Mientras tanto, fuera del negocio, una jovencita miraba por la vidriera. Cuando se dio cuenta que Marianito estaba dentro, se le transformo la cara. Rápidamente, se arremangó la camisa con las manos, y furiosa entro al almacén.
- ¡Ey vos!... ¡Que sea la ultima vez que te metes con mi hombre!-
- ¿Qué decís loca?... no grites, que no soy sordo.- dijo marianito, pero Natasha con destreza femenina, lo agarro de los pelos y lo desparramarlo por el suelo, comenzando a zamarrearlo de un lado al otro.
- ¡Hija de puta!, el problema es que ustedes, las mujeres, no saben satisfacer a los hombres… ¡soltame el pelo bruja!- En ese momento, y viendo Don Braulio que la mercadería de los estantes peligraba, por los manotazos, salió aparatosamente desde atrás del mostrador.
Un pequeño niño, de aspecto zarrapastroso, observaba todo desde la puerta de entrada. Intentando que no lo vean, aprovecho una oportunidad y cuando el almacenero le dio la espalda, para detener la pelea, se escabullo dentro del negocio, ocultándose entre los víveres.
Don Braulio, entrando en cólera, toma Natasha y Marianito del brazo, y los obliga a salir a la calle.
- ¡Se mandan a mudar de acá!… ¡Me tienen re podrido ustedes dos!- en el momento que las arrastraba hacia fuera, el niño se desliza velozmente por detrás del mostrador y abre la caja de billetes. Toma todo lo que sus manitos podían agarrar, y sale corriendo.
Al ver al muchachito, Don Braulio, que aun tenia agarrados a Natasha y marianito, no entiende lo sucedido y se queda mirándolo como corría hasta doblar por la esquina.
- Bueno ¡Basta! ...Ustedes dos, no los quiero ver aquí adentro, por un buen tiempo.-
- ¡He!, no es pa´tanto che.- dijo Natasha.
La cara de furia del almacenero, era evidente y sin pronunciar palabra, estira su brazo con el dedo índice extendido, como diciendo “fuera de aquí”.
- ¿Vas a querer que pase mas tarde por aquí?- pregunta Natasha acercándose sensualmente, pero Don Braulio mantenía su postura en completo silencio, y al no obtener respuesta, la muchacha se da vuelta y se va caminando, moviendo provocadoramente sus caderas. Los ojos del almacenero se abrieron de par en par, al darse cuenta de semejante espectáculo, y respirando profundamente, se pierde por unos momentos en ese andar. Pero luego frenéticamente mueve la cabeza, pensando “¡es una trola!”, sin embargo en el momento en que iba a entrar al almacén, sus ojos nuevamente se quedan con el andar de Natasha. Ella, sabiendo que la observaban, con una sonrisa en el rostro, se marcha arreglándose el cabello. Al llegar a la esquina, la sorprende Marianito, que inesperadamente la tumba al suelo. Al ver esa escena Braulio, se sonríe, mientras niega con la cabeza, diciendo:
- ¡Lo que hay que aguantar en estos días!-
Dentro de su negocio, levanta le resto de la frutas desparramadas (eran pocas las que aun estaban tiradas), y va hasta el mostrador. Entonces, observa que la caja de dinero estaba abierta. Se acerca caminando lentamente.
- ¡La re put...isima madre que lo par...!, culpa de estas locas me afanaron.- y recapacitando rápidamente, recuerda.-... ¡El pibe!... pendejo hijo de la gran put… ¡Lo que hay que aguantar en estos días!-
Enfurecido cierra la caja enérgicamente. Pero sin medir sus fuerzas, la caramelera del mostrador se zarandea, como si fuese a perder la estabilidad. Sujetándola a duras penas, logra que no caiga. En cambio, un par de chupetines van a parar al suelo.
- ¡Pero la put…! – y conteniéndose, no termina la frase porque ve a alguien que esta por entrar.
Se trataba de Claudita “La Nena”. Una terrible polaca, muy pulposa, que rajaba la tierra. De toda su clientela, era la única que le movía el piso, sin embargo al mismo tiempo la detestaba, porque se aprovechaba de eso, y lo único que hacia era manguearle cosas.
- Hola Don Braulito… ¿Cómo está ésta mañana?- le dijo mientras se agachaba, en busca de un chupetín que vio en el suelo.
- Bien nena bien.-
- Yo estoy... con calor Don Braulito, con muuucho calor… y además estoy sedienta, vine a comprar algo que me quite la sed… tenga, aquí tiene, le vi el chupetín tirado en el suelo.-
- Estem… te lo regalo nena.- dijo comenzando a tener cara de pocos amigos.
- ¡Que amable que es usted!, muuuuchas gracias… voy a buscar una gaseosa.-
- Si nena si, anda, ahí esta la heladera…- y mientras ella caminaba sensualmente hacia la heladera, dice en voz baja para si mismo.-… que hermoso trasero, lastima que viene solo a manguear.-
- ¡Que fría esta la botella, Don Braulio!… que rico se siente, aquí en el pechito.-
- Son $ 4,75… si tenes los $ 0,75 en monedas, mejor.-
- Solo tengo un billete de diez.-
La cara de Don Braulio decía todo, sin embargo ella se hacia la desentendida. Cansado de lo mismo, con una actitud molesta, busca en su cuaderno de anotaciones, la letra “C”. Luego toma la calculadora y comienza a sumar. Ella lo miraba intrigada, apoyando sus codos en el mostrador, dejando presionadas, con los brazos, a sus dos “amigas”.
- Si no tiene cambio, le traigo más tarde el importe justo.-
- No nena no.- le responde y le saca el billete de la mano.-… toma aquí te doy $ 0,25 centavos y quedamos hecho, por todos los vueltos que me debes, ahora raja que estoy grande para vos.-
- ¡Ufa! bueno esta bien.- dijo ella haciendo puchero, con sus carnosos y sensuales labios, al no poder lograr su cometido, y retirándose del lugar, se detiene en la puerta diciéndole.-... pero a mi me gustan grandes… hasta luego Don Braulito.-
Mientras que Federica salía del negocio, en la puerta la atropella Marianito, que nuevamente ingreso al negocio, aun a sabiendas de las amenazas del almacenero.
- ¡Ay che! ¡Cuidado!.- dijo adolorida, por el golpe en el hombro, que le dio el flacucho gay.
- Bueno discúlpame, fue sin querer... ¡goooorda!-
Ante toda aquella escena, Don Braulio movía la cabeza en sentido negativo, mientras se perdía en las curvas de Federica, y sin reparar en la presencia de Marianito, sus pensamientos hablaron en voz alta.
- ¡Que pedazo de culo!... ¡Lo que hay que aguantar en estos días!-
- ¡Graciaaaas!... no sabía que le gustaba mi cuerpo.-
- ¿Vos? ¿Que haces aquí? ¡Te dije que te mandaras a mudar!-
- Que lastima que siga de mal humor... volví, porque se me cayo la caja de preservativos ¿no la vio?...- le preguntó buscando por el suelo en todas direcciones.-… ¡Aquí esta Don Braulio!... ¡ya me voy, adioooos!-
- ¡Lo que hay que aguantar en estos días!-

Las horas comenzaron a correr más rápidamente, y cuando Don Braulio se quiso dar cuenta, el reloj en la pared, marca la hora 01:26. Una cumbia resonaba de fondo en el televisor, que trasmitía un recital de Amar Azul.  Al mismo tiempo, que acomodaba las bebidas en los exhibidores y silbaba aquella melodía, un muchacho entraba por la puerta. Tenía los ojos rojos, parecía como si hubiese estado llorando por horas.
- Déme algo fuerte para tomar, un Whisky o Ginebra.-
- Esto no es una cantina pibe. El Criadores te sale 40 pesos, y te la vendo solo si tenes identificación.- dijo mientras aun estaba de cuclillas, limpiando con una franela las botellas.
Desconsolado, el muchacho rompió en llanto y se abalanzó sobre el Don Braulio, que no supo que hacer y casi pierde el equilibrio.
- Afloja flaco, que puede entrar alguien.-
- ¡Es que me dejo, y no lo puedo soportar!... Usted no entiende, ¡yo mataría por ella!, ¿Me entiende?, yo la extraño... ¡Oh que dolor!, la extraño tanto... Ella esta con ese profesor de matemáticas... ¡Yo no se, que le vio!.-
Don Braulio puteando en voz baja, ya no estaba para aguantar mucho más.
- Pibe, si quieres llorar anda al programa de Mória... este no es el lugar, además puede entrar alguien... bueno, bueno, ¿Vas a comprar o no?- En ese momento, la novia del muchacho ingresa por la puerta.
- Espera Fede... Espera, no es lo que parece, te juro que no pasa nada entre nosotros... tus celos me hicieron decir eso... Él solo me acompaño hasta el barrio, porque yo perdí la plata del pasaje, entonces se ofreció a traerme en su auto.-
- ¡No mientas más!...- grito el muchacho en los brazos de Don Braulio, que no sabia en que posición ponerse.-...yo te vi con mis dos ojos... estaban en el auto, y, y... y tenias la cabeza entre sus piernas.-
- Pero nooo, lo que paso fue que... se trabo el cinturón de él, entonces... yo lo estaba ayudando a desatorarlo y de pronto... tuve un mareo y caí en su regazo...- En la cara de Don Braulio, se dibujaba una sonrisa a escondidas del muchacho.-...Te juro que es la verdad. Yo te amo... todo aquello que dije, fue porque tus celos me cansan, pero de veras, no pasa nada... Te amo Fede.-
- ¿Y estas bien ahora?- dijo mientras secaba sus lagrimas con la remera del almacenero.
- Y me duele un poco el estomago, quiero decir, la cabeza... pero voy a estar bien.- respondió ella haciendo puchero, mientras que se refregaba la frente con la mano.
- Yo sabia que no podía ser cierto, es que los vi, así y pensé cualquier cosa.-
- Si tontito, pensaste re mal, ¡como siempre!... y la que se tiene que aguantar soy yo, no puedo hablar con nadie que te pones celoso... lo que vas a ganar, es que me canse de vos.-
- No, no, perdóname, no voy a desconfiar mas de vos, soy un tarado... ¿me podes perdonar?
- No se... solo, si es la ultima vez.- La parejita salió del almacén abrazados y haciéndose mimos. Don Braulio, primero con la boca abierta algo sorprendido... luego, moviendo la cabeza negativamente, se ríe de la situación, diciendo en voz alta:
- ¡Pero que pelotuuudo!... ¡Lo que hay que aguantar en estos días!-

Fuera del negocio, el barrio se escuchaba tranquilo. Algunos sacaban a pasear a sus mascotas, otros simplemente a caminar. En la vereda, no lejos de allí, algunos adolescentes tomaban mate, mientras que dos serenos, que custodiaban el barrio, recorrían las calles. Por la esquina, doblo ingresando un auto a poca velocidad, esquivando a los serenos, se estacionó frente al almacén. Del vehiculo descendió un hombre, a juzgar por su rostro de desconcierto, era la primera vez que llegaba al barrio. Observando en todas direcciones, presta atención al negocio. Frotándose nerviosamente las manos, no se decidía a entrar.
Don Braulio había retomando las botellas para acomodarlas en el exhibidor, y mientras las limpiaba y acomodaba, silbaba la melodía que antes había escuchado.
- Buenas noches... ¿’Que tal, como le va?- dijo ese hombre desconocido.
Al desconocer a individuo, Don Braulio muy desconfiado, solo se limito a mover la cabeza sin saludar, como diciendo: “que quiere”.
- Si mire, yo busco... estem... ¿Puré de tomate?-
- Detrás suyo están las latas, ¿Que marca?-
- Si claro... perdón, ¿Como dice?... si, si cualquiera esta bien.-
- Son $ 3,95.- dijo mientras se ubicaba cerca de la caja de dinero, para cobrarle la lata.
- Mire, disculpe que lo moleste... resulta... – comenzó a decir algo incomodo el hombre, mientras que muy serio, a Don Braulio no se le movía un músculo-...yo estoy buscando, a una alumna que vive por aquí... estem... ella dijo que viniera en una hora... Me esperaría en la esquina, pero bueno ella no esta, y como usted es del barrio, por ahí sabría... donde vive...- dijo frotándose nerviosamente las manos.-... ¡soy profesor!, no piense mal, je je... ella me pidió, si podía dictarle clases particulares.-
- ¡Ah si!, ¡el profesor de matemáticas!-
- Si claro... perdón, ¿como dice?... si, si ese mismo, ese soy yo... usted ¿como sabe?-
- Ella vino recién a comprar... llevo una soga gruesa, algo de grasa vacuna, un pote de vaselina y una botella de whisky.- Mientras le enumeraba las cosas que había comprado, el profesor cada vez se sorprendía mas y mas, abriendo los ojos muy impresionado.
- Si claro... perdón, ¿como dice?... o sea me refiero, no creo que sea la misma... ella es...-
- Bajita, morocha, con el cabello lacio y corto.... trasero firme.- dijo Don Braulio interrumpiéndolo inmediatamente y muy serio.
- Si claro... perdón, ¿como dice?-
En ese mismo momento, Claudita entra nuevamente al almacén y saludando a Don Braulio con un guiño de ojo, se dirigirse inmediatamente a la heladera de las bebidas.
- Si claro... si esa misma, bueno, bueno, no lo interrumpo más, hasta luego gracias.- dijo nervioso, y viendo que entraba gente apresuradamente se retiró del lugar.
- ¿No quieres saber donde vive?... ¡¿oiga?!... No olvide su puré de tomate... ¡¿oiga?!... Pero que pelotuuudo, se olvido el puré de tomate... ¡Lo que hay que aguantar en estos días!-
- ¿Quien era ese Don Braulio?, nunca lo había visto por aquí.- dijo Claudita con la botella de gaseosa apoyada entre las “amigas”.
Los ojos de Don Braulio, se perdieron por un momento en ese escote, y la delicada forma de la botella.
- ¿Don Braulio?-
- ¿Eh?... ¡Que se yo nena!... ¿Algo mas, aparte de eso?-
- Necesito toallas femeninas.-
- Están en el mismo lugar de siempre.-
- Si claro... llevo este – señaló tomando un paquete de Lay´s.-... oiga Dona Braulio, ¿Trae de esos que son OB?-
- ¿Que cosa?-
- ¡Tampones!... ¿Tiene tampones?.. Porque allí en el estante, solo tiene las toallas, y como voy a salir a bailar, necesito los tampones... ¿Por la tanga vio?... sino se nota mucho, y pareciera que tuviese un bulto.-
- ¿Que cosa?- pregunto mirándola medio embobado, como si estuviese desnudándola con la vista.
- ¡Tampones!... ¿Tiene tampones o no?... ¿Don Braulio se siente bien?-
- No nena no, la verdad ya me duele la cabeza.- Dijo apoyando los codos en el mostrador, y comenzando a sentirse muy incomodo y avergonzado.
- A ver déjeme ayudarlo, lo acompaño hasta su casa.-
- No nena no, deja no más, no te acerques... son cosas de hombres, anda del otro lado, que yo aquí me arreglo.-
- Pero no sea terco, déjeme ayudarlo, usted sabe que estudio enfermería.-
- No nena no, no estoy enfermo.- A pesar de la negativa, la muchacha intentando ayudarlo, se cruza detrás del mostrador, y al ver a Don Braulio en ese estado, se sorprende y se lleva la mano a la boca muy sorprendida.
- No nena no, te dije que no vengas, anda para el otro lado.-
- ¡Ay caramba! ¡Disculpe Don Braulio!, ahora le entiendo... Pero no se preocupe, yo me pongo de espaldas y usted acomoda a su compañero.-
- No nena no... ¡Nooooo!, que pedazo de c... anda nena, anda mejor. Pagame mas tarde o mañana, no importa anda nomás, yo anoto aquí en el cuaderno.-
- ¿Seguro? Acomodese tranquilo, que yo no le miro...- pero la cara de Don Braulio, le dijo todo, así que con una sonrisa picara, se despidió arrojándole un besito desde la puerta.-... hasta luego entonces.-
Detrás del mostrador, Don Braulio se acomodo el compañero y sin darse cuenta, dijo en voz alta:
- ¡¡¡Que pedazo de cuuuuuulo!!!... y la put que lo parió... ¡Lo que hay que aguantar en estos días!...- para ese momento ya había perdido la paciencia, mientras se acomodaba el pantalón a los tirones, comenzó a putear por lo bajo.-...que día de mierda, y encima que me afanaron... basta, hasta aquí aguante hoy, mejor me voy pa´dentro a relajarme un rato.-
Rezongando toma el cartel de la vereda y lo guarda, para luego cerrar la puerta. Apagando las luces del exterior y del interior, da por finalizado su jornada. Cruzando el interior del negocio a oscuras, se lo escuchaba putear, recordando el día:
- Primero la vieja de mierda... luego el gay y la trola... después las velas negras... el cornudo de Fede y su novia... el profe, y por ultimo... claudita... demasiado por esta noche.- dijo cruzando la cortina de tiras plásticas, para entrar a la casa.
Atravesando el living, ingresa a la cocina. De la heladera, toma el sachet de leche, y un vaso que había allí mismo. Sentándose en la silla se acomoda placidamente, y después de un suspiro de cansancio, se sirve ese líquido blanco hasta el borde del vaso. Bebiendo toda la leche, un gracioso bigote blanco se marcó sobre el labio, que limpio con su desgastada remera.
A pesar de haber estado de mal humor todo el día, disfrutaba su trabajo. Le agradaba mucho la gente del barrio, y colaboraba con todos en lo que podía, por eso era una persona muy respetada.
Recapacitando unos segundos, hace una seña con las dos manos como diciendo “que pedazo de cul... esa Claudita, un día la voy a tener aquí”. Seguidamente, haciendo muecas y utilizando un tono burlón, recordó.
- Quiero velas negras... quiero pure de tomate... Ay Don Braulito no tengo monedas.-

Después de haber bebido el vaso de leche, y aun completamente fastidiado, caminó hasta una de las habitaciones. La puerta estaba cerrada con llave. Del bolsillo de su pantalón, saca una llave que estaba atada con un piolín. La coloca en la cerradura, y gira picaporte abriendo la puerta.
El cuarto tenía una ventana, pero estaba tapada por una frazada clavada al marco. El piso alfombrado, estaba cubierto por un nylon transparente que dejaba ver el color rojo de la alfombra. Del techo colgaba una bombilla de luz, cubierta de polvillo. En una de las paredes, había arrimada una mesa, y sobre esta varios botes de pintura; también una cámara fotográfica compacta. En el centro de la habitación, debajo del foco de la luz, había una vieja silla de madera, y sentada en ella, una joven muchacha. Sus  manos estaban atadas fuertemente al respaldo, y un pañuelo cubierto de sangre, estaba completamente metido dentro de su boca.

Don Braulio se acercó a la mesa, para tomar la cámara fotográfica. La muchacha al verlo nuevamente, comenzó a temblar. Luego de mover el swich de la cámara a “on”, comenzó a silbar aquella melodía que había escuchado en la televisión. La muchacha movía la cabeza, pidiendo clemencia.  El flash iluminaba toda la habitación, una y otra vez. Mientras ella comenzaba a llorar, balbuceaba suplicándole que la deje ir. Don Braulio continuaba sacando fotografías como todo un profesional, utilizando todos los ángulos posibles. Sin embargo, luego de una sesión de siete fotografías de las piernas de la muchacha, el almacenero se queda en cuclillas, pensando y reflexionando. Moviendo la cabeza negativamente, finalmente le dice:
- ¿Podes creer Ceci?... ese pendejo de mierda, ¡me afano! y encima, en un día flojo como hoy...  ¿Te das cuenta?, ¿Te das cuenta Ceci?, ¡Están todos locos en este mundo!... ¡Lo que hay que aguantar en estos días!-

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