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La Vida en Segundos


Era un día lluvioso. El gris del cielo, y el constante repiqueteo de las gotas caer en el techo, taladraban lastimando mi corazón como nunca lo habían hecho antes. Y pensar que yo decía: “Los días de lluvia son los más hermosos”. Así era, el salir a caminar y disfrutar de la frescura de ese momento, era perfecto, pero esta vez no había nada de hermoso, y todo había dejado de ser perfecto, todo era gris y triste.
Me encontraba sentado en el centro de mi cuarto, acompañando a la lluvia con lágrimas que nacían puras desde mi corazón. El dolor era intenso en cada gota, y tu ausencia hacia que me desangrara en cada lamento.
No se en que momento, habíamos dejado de ser los mismos. Pero ¿Seguíamos amándonos?, aun así con todos nuestro errores creo que si, pero de una forma muy particular. En algún determinado punto de nuestras vidas algo había fallado, y siempre obviábamos un paso para decirnos las cosas. Cosas que nunca decíamos y que terminaron por hacernos ver que, no todo era para siempre. A pesar de nuestros sentimientos, que desde muy dentro eran fuertes, en realidad quizás buscaban esconderse y tomar distancia un tiempo.
En ese preciso instante no deseaba saber más, pretendía escapar de todo y creí que era la mejor forma. No podía estar solo un minuto mas…entonces lo di. Di ese paso y fue una lluvia, pero esta vez de recuerdos, de imágenes, de sensaciones que no había experimentado nunca antes. Y a pesar de que no quería, he intente eludir, tu imagen llego desde quien sabe donde, allá por aquellos años en que te había conocido por primera vez, en el restaurante.
… – Vengo por el anuncio de camarera. –
– ¿Tienes experiencia?– Pregunto Julio, el dueño y un amigo del alma, que antes de que ingresaras, me había señalado tu presencia en la puerta.
Habían pasado las doce del medio día, el lugar estaba repleto de gente almorzando, y nunca habías contestado esa primera pregunta, pero por la forma en que trabajabas era evidente que te desenvolvías muy bien, sin tener experiencia. Allí fue cuando cruzamos miradas, y Julio se dio cuenta de que comenzaba una extraña atracción. Esa misma noche me ofrecí a llevarte, y para mi sorpresa accediste, pero mi auto no, sin gasolina no iba a ninguna parte.
– Quizás la próxima. – Dijiste alejándote, no sin antes voltear y sonreírme.

Pero no terminaba todo ahí…las imágenes y recuerdos siguieron llegando…
…Mis torpes movimientos y nerviosos tonos de voz para decirte que el amor había golpeado con fuerza mi corazón, pidiéndote a duras penas que seas mi novia. Recuerdo también que esa frase siempre llegaba a tu boca, para hacerte reír y decirme que a pesar de la idiotez que dije, había sido la declaración de amor más hermosa que hubieses podido soñar. Ahora que me pongo a pensar…no fue tan idiota después de todo.

Un flash, quizás una sombra, un rayo, algo golpeo mi cabeza y todo tornándose rojo llego la primera vez…
…La oscuridad de la habitación, no alejaba nuestra timidez; y esa timidez dio paso a la peor experiencia sexual de nuestras vidas. A pesar de ese confuso momento, no dejamos que la torpeza, de nuestra inexperiencia, nos detuviera. Luego de poco tiempo, alcanzamos experimentar las más diferentes y dulces sensaciones, que se pueden descubrir un hombre y una mujer, cuando el amor es fuerte. La delicada dulzura de tu cuerpo aun podía saborear. El aroma de tu piel, presente en todo momento, haciéndome recordarte a cada instante. El sabor de tu boca, presente a toda hora  endulzando mi vida, eras todo para mí.

Aquello rojo, de ese extraño viaje de recuerdos, dio paso al final en una repentina oscuridad que no entendí en ese momento. No podía ver nada… ¿la luz?... ¿era un corte eléctrico?... estire mis brazos para tantear donde estaba, pero las fuerzas me abandonaban…como ese día…
…Habías llegado a casa antes de hora, y sin dar explicaciones, comenzaste a empacar. Te pedí una explicación y solo dijiste:
– Las cosas cambiaron, no eres el mismo de antes y yo tampoco… pregúntale a ella. –
Mire extrañado tu expresión inexpresiva. No me anime a decir nada, porque no podía entender como sabias. No podía entender como yo sabia. Julio, un amigo de la infancia con el cual nos contábamos todo, esta vez también nos habíamos contado todo, y yo sabía lo de ellos.
¿Que nos había pasado en ese momento? No nos habíamos dado cuenta que éramos mas grandes y que los errores existen, al igual que las tentaciones. Dejamos, sin queres, que ellas nos dominen y se apoderen de nosotros, y que por un momento nos dominen. La marca quedo, y nunca volvió a ser igual, ni siquiera nuestro hijo que llego en el momento que no esperábamos…

El dolor asfixiante de esta inesperada y extraña oscuridad, que junto con la falta de aire, hizo recordarme el peor momento de nuestras vidas…
…Un mal parto que dejo marcas que ninguno pudo soportar. Y así los problemas de una reconciliación que quizás ninguno quería, quiso intentar traer al mundo una vida que no fue, un hijo que no logro ver el sol. Logrando desequilibrar las emociones de ambos, y haciendo miserable la existencia. Llevándote, todos esos recuerdos, a la locura de una madre que no lograste ser y que debías serlo. El doloroso amor a ese ser, fue mas grande del que tenias por tu propia vida. Susurrándome al oído en forma inaudible dijiste…”mi amor, voy a buscar a nuestro hijo… tu sabrás cuando lo encuentre… y a partir de ese momento, te esperaremos… a pesar de todo lo que pasamos, siempre te he amado con todo mi corazón”
Las tentaciones existen, pero el amor es siempre verdadero y único. Allí en ese momento le dije “Amor, allí estaré.”

En ese instante de oscuridad me di cuenta, que la amaba con todo mí ser, y es verdad, nunca quise acomodar la silla bajo mis pies.

La presión de la soga en mi cuello fue como abrir una puerta, y ver pasar mi vida en segundos… pero más allá de esos segundos, no vi nada.

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