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Confesión

Mis días están llegando a su fin por culpa de una enfermedad terminal, y es por ese motivo que escribo estas líneas.

Han pasado 27 años desde aquel día, y en todos estos años, nunca he podido olvidar su bello rostro.

Fue a principios de noviembre del ‘83 luego de las elecciones presidenciales, yo tenía unos 25 años.

Una noche yo y dos amigos, habíamos ido a la discoteca Barbarella. Después de deambular sin éxito por todo el lugar durante casi toda la noche, las vimos en un rincón. A mi una de ellas me voló la cabeza, pero la verdad es que las otras dos también eran muy bonitas, y además se notaba que eran recién llegadas a la ciudad. Luego de acercarnos e invitarlas a tomar algo, bailamos y la pasamos genial, hasta incluso logramos que nos dejaran acompañarlas de regreso a su hospedaje.

No paso mucho tiempo más, y los tres comenzamos a frecuentarlas de seguido. Finalmente cierto día y con la excusa de festejar la llegada de la democracia, las convencimos para ir a acampar en los bosques de la Estancia La Rubí. Así que un domingo en la mañana, nos juntamos en la casa de “matute” para preparar todo. En la vieja camioneta dodge cargamos unas carpas, carne para el asado, vino y cerveza, algunas boludeces más, y claro algo de yerba.

Nosotros tres siempre fuimos de ir a acampar seguido, así que después de recorrer cuarenta y cinco kilómetros desde la ciudad hasta el bosque, llegamos al mismo lugar de siempre. Ese lugar era muy tranquilo y lejos del camino. Se debía descender por el bosque, unos treinta metros, a través de una pendiente pronunciada. Al llegar abajo, después de unos quince metros, te encontrabas con un claro ideal para montar el campamento. Más allá a lo lejos, apreciaba una elevada colina.

Luego de armar el campamento y la fogata, el aroma a carne asada nos abrió el apetito. Las risas, la cerveza, los juegos subidos de tono y toda esa carga sexual que emanaban esas tres pibas, nos hizo perder rápidamente la vergüenza. La noche cayó, justo con el sonido de las cuerdas de la guitarra de “lucho”. Estábamos junto al fuego, cada uno con su chica, cantando esas canciones conocidas que nos transportaran a ese mundo soñado de liberación.

La yerba abrió nuestras mentes a imaginativas y delirantes locuras, que se alimentaban de ese aire renovado y sexualmente provocador. Ya entrada la madrugada, cuando las canciones se agotaron, ocurrió lo que debía ocurrir. Matute y su chica, junto con lucho y la suya, se enredaron en un manojo de manos y pies. No me hubiese imaginado nunca todas esas poses y formas, ni esos gemidos y aromas. Tanta información revolvió mi estomago, y viendo que mi chica se sentía incomoda, la invite a caminar. Tome entonces la mochila de camping que había traído, también una frazada y la linterna, y nos alejamos.

Caminamos muchísimo bajo la luz de la luna. Recuerdo que era luna llena. Cuando nos dimos cuenta, estábamos al pie de la colina que se veía desde el campamento. Nunca había estado en ese lugar, era enormemente alto, y después de mirarnos y tomarnos de la mano, comenzamos a trepar. No fue tan fácil subir, realmente fue muy dificultoso llegar a la cima, pero una vez allí la vista era increíble. Estábamos parados en un claro. Ahí en lo alto, se podían ver el horizonte y también la negrura del mar. El viento apenas se dejaba sentir, despeinando suavemente nuestros cabellos, brindándonos una sensación de paz eterna. A nuestro alrededor se escuchaba el suave arrullo de las ramas que se movían al ritmo de la naturaleza. Todo aquello era un paraíso. Estire los brazos hacia el cielo e inhale todo aquel aire puro. Recuerdo sentir, como mis pulmones se llenaban de ese aire completamente limpio y sano. Podía sentir que todo mi cuerpo se purificaba en cada respiro. En ese momento, me di cuenta que en ese lugar realmente me sentía bien. Allí era donde siempre iba a poder encontrar paz.

No se cuanto tiempo paso, pero mientras yo admiraba la naturaleza, ella se apartó de mí. En ese instante recuerdo que había decidido preparar una pequeña fogata, así que después de juntar varios trozos de leña, busque de la mochila la pala plegable que armé para preparar el pozo. Luego de acomodar las maderas busque los fósforos y una vez que lo encendí, recién volteé a observarla. Yo no me había dado cuenta de lo que ella se había puesto a hacer y me sorprendió. Cerca de un gran tronco caído, había acomodado la frazada extendiéndola en su totalidad. Se encontraba completamente desnuda y con sensuales señas de su dedo, me pedía que me acercara.

Yo no se que paso por mi mente, pero en ese instante sentí una necesidad nunca antes vivida. Realmente no recuerdo en que mano tenía los fósforos, y en cual la pala, solo se que al verla de esa manera mis manos comenzaron a sudar profusamente. Me acerque lentamente y también algo tímido porque había notado que mi pene se endurecía. Al estar parado frente a ella, se me acercó gateando. Arrodillada y con su lengua recorriendo sus labios, comenzó a bajar el cierre del pantalón. Nerviosamente y con los ojos cerrados deje caer la caja de fósforos completamente aplastada. Entonces al sentir sus manos que me acariciaban, esa sensación se encendió como una chispa y entonces aforrándome con ambas manos al mango de la pala, descargue con todas mis energías un salvaje y mortal golpe sobre la cabeza de la muchacha, que hasta pude escuchar como le explotaban los dientes. Sus ojos parpadearon rápidamente y cayendo de costado comenzó a convulsionar de una forma tan espeluznante que me hizo retroceder.

La contemple maravillado por varios minutos hasta que pareció dejar de moverse. Entonces me aleje para internarme en el bosque y comenzar a cavar entre un grupo de árboles. Había muchas raíces, pero logre hacer un pozo relativamente profundo como para depositar el cuerpo. No se cuanto tiempo me demore en hacerlo, pero cuando volví con mi chica me encontré con que aun movía sus extremidades erráticamente. No entendía como podía pasar eso, así que la acomode boca arriba y tomando fuertemente la pala con ambas manos, la golpee brutalmente en el rostro. Eso fue un enchastre, porque la sangre y los sesos volaron por todos lados, sin embargo logre que su cuerpo quedara completamente inmóvil.

Recuerdo que la luz de la luna iluminaba cada vez menos el lugar, así que me apresure y arrastre el cuerpo hasta el pozo. Cuando lo arroje dentro, me detuve unos minutos y observe que no entraba. Entonces use la pala como guillotina y corte con dos estacazos la cabeza. Seguí con los brazos y luego las extremidades inferiores. Separe los pies de cada pierna, también las manos de cada brazo. Usando la pala a modo de hacha, quise cortarla por la cintura, pero luego de un par de intentos fallidos desistí. Era muy complicado porque la pala, aun siendo pequeña, golpeaba con algunas ramas sobre mi cabeza, y no me dejaban dar el golpe con todas mis fuerzas, entonces me frustre y la acomode como pude. Por ultimo arroje toda su ropa a esa improvisada tumba y tape todo así no más con tierra. Cuando finalmente termine de cubrirla por completo, comencé a descender de regreso al campamento.

Mientras caminaba la recordaba nostálgico, ya que todo ese tiempo que salimos fue inolvidable.

Al llegar al campamento, lucho y matute se encontraban bebiendo cerveza. No recuerdo que les dije exactamente, pero me alegre de verlos. Y ahora que lo pienso, nunca les pregunte donde ellos enterraron los cuerpos de sus chicas.

En mi lecho de muerte, les pido disculpas a la familia de la muchacha, y dejo estas coordenadas aproximadas -53° 58' 26.55", -67° 40' 13.60" (según googlemap) necesarias para hallar el cuerpo y darle un entierro adecuado.

Bien, eso es todo, no quería irme de este mundo sin confesar este hecho.

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